Desde NYC, Daniel Calamonte.

Lo que más te sorprende cuando paseas por Nueva York es lo fácil que es no hablar inglés. Da igual la tienda que entras, el hotel en el que te alojas o el restaurante en el que cenas. La gente habla español. Que no castellano: estas apreciaciones solo son en España.

Los responsables de marketing de las principales cuentas del mundo saben que, hoy por hoy, es en los nichos de mercado donde se puede crecer -siempre hablando claro de mercados maduros… aunque me pregunto si quedan mercados que aún no lo estén ;)-. Y la cosa ya no está en el típico tópico de “vamos a hacerles un guiño a los puertoriqueños” o “pongamos algo rosa en el producto para que las mujeres se sientan identificadas”. Memeces (por no decir gilipolleces que siempre queda mal). Hay verdadera integración de lo latino-español en el producto, en el diseño, en la apreciación del mismo, porque está dirigido a una sociedad en la que la identidad como minoría está integrada en una mayoría cada vez más inexistente y diluida. El macho blanco wasp dominante es una especie no en extinción, pero sí cada vez más solitaria. Y es la mezcla lo que impera. La armonía cada vez más sonora de un grupo que es económicamente rentable, productor y consumidor a más no poder. Venía leyendo en el avión de vuelta en el Daily Mail el especial de deportes de béisbol en Español… con artículos mezclados en inglés hablando de los héroes latinos de la Major League. En fin: un gazpacho cultural y sabrosón, lleno de color… y de productos que comparar. :)

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Igual que una carrera… mira que está manida y vieja la metáfora esta de “pistoletazo de salida”. O esa foto de siete remeros cambridgiles y hablar de equipo… O en su versión pija, que es un velero y la Copa del América de fondo. Pero es que lo que es, es. Y es que hoy hemos empezado. Uno, dos y tres. Tírate. Y sin taparnos la nariz, como los niños grandes, nos hemos tirado a la piscina. Y ha estado bien, oye. Gente conocida, mucho jefe, periodistas y cuerpos desnudos. Nos queda la mudanza definitiva, los teléfonos que funcionen, el correo que pite. Pero con una ilusión… y como decía Marisol, hoy tengo el corazon contento, lleno de alegría. :)

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