- Primera reflexión: Hoy en día, la motivación del turista es más activa que pasiva.
Se busca disfrutar de experiencias turísticas con los cinco sentidos. La publicidad debe incidir en los argumentos emocionales que colocan a un destino en el top of mind del consumidor.
- Segunda reflexión: La publicidad turística, más que informar, debe seducir.
Ha de crear una personalidad seductora, y establecer diferenciación para facilitar la elección del consumidor.
- Tercera reflexión: Un destino turístico es una marca.
Lo más difícil consiste en encontrar diferenciación entre una marca y otra, entre un destino y otro. Cuanto más poderosa sea la marca, mayor amparo e integración ofrecerá a sus productos.
- Cuarta reflexión: Los productos no son generalmente los que diferencian a un destino turístico de otro.
Desde la perspectiva del consumidor: todas las playas son iguales, los campos de golf son iguales, las ciudades se parecen, y hasta los museos y catedrales son similares.
Las diferencias son más bien culturales/sociológicas, están en la gente, no en el lugar, se basan en como se vive y se disfruta en un lugar determinado, se centran en la percepción de la marca.
- Quinta reflexión: Las campañas de imagen contribuyen a vender un destino turístico.
Crear imagen es trabajar alrededor de la percepción que queremos que el consumidor tenga de una marca, y, en este caso, de un destino turístico.
- Sexta reflexión: En vez de huir de los tópicos, hay que saber utilizarlos.
Positivizándolos, haciéndolos relevantes. Dotándoles de un atractivo actualizado. Aprovechando la diferenciación ya construida.
En los tópicos y estereotipos están normalmente los elementos más esenciales y diferenciales de la personalidad.
- Séptima reflexión: El turismo tiene una oferta tan amplia que un mismo producto/destino puede ofrecer motivaciones radicalmente diferentes según el target al que nos dirigimos.
Entender las motivaciones de quien viaja es clave para conectar eficazmente con él.














