Pues no me dice Gus que me haga un post. No tengo palabras, lo dejo pasar. Y Dani insiste. Acojonante.
Son las tres de la mañana, seguimos en la oficina y piden un post. Valoro las opciones: ¿Post o seguir con la presentación del próximo cliente que vamos a ganar? Está claro, si para no currar hay que hacerse un post, elijo post.
Cosas buenas de trabajar hasta las tres de la mañana:
1) Cenas tres veces.
2) Fumas sin medida y no hay cargo de conciencia.
3) Nos ha dado un ataque de risa de media hora seguida. Vale, es la risa floja de cuando no sabes si reír o llorar, pero si se hace el famoso cálculo, haces ejercicio como en los próximos seis polvos.
4) Hemos bailado a Gloria Gaynor.
5) Te anima saber que si te quieres tirar por la ventana, el pobre inocente que aceptó hacerte los videos de la presentación, está peor que tú. Y con una media sonrisa caes en la cuenta,,. peor no, mucho peor. (Waskman te queremos)
Hay muchas cosas que hacen que estas palizas tengan su encanto. Pero lo mejor, lo que hace que al menos yo (Y se que a Dani, Gus y Marta y a Batalla y a Ricardo … y a Wonderland entero, les pasa lo mismo) me vaya al final a la cama con una sonrisa es ese momento en que te descubres, corrigiendo con mimo un texto, cambiando una palabra, ese momento en que a pesar del cansancio ignoras la prisas para fijarte en el detalle, porque cuando en ese momento perfeccionista te das cuentas de que te esfuerzas de verdad en lo que estas haciendo, te das cuenta que no lo haces por dinero, que no es cuestión de profesionalidad, que es simplemente que lo que hacemos tiene un puntazo, que mola, y que aunque en momentos como estos te gustaría llevar con Morfeo un par de horas, este trabajo de la comunicación es, a excepción del de delantero centro del Madrid, el trabajo mas guapo que hay.

Marta, Dani, Gus, y Gonzalo en un momento de la larga noche de ayer.















